Cada ventana tiene una voz · Vínculos desvinculados I y II · Construir el juego I y II · Arquitectura relacional I y II
Serigrafía sobre papel y collage
144 x 96,5 cm · 88,5 x 84,5 cm · 118,5 x 72,5 · 100,5 x 72,5 cm · 27,5 x 99 cm
2025
Las fachadas de los edificios actúan como una piel que cubre nuestra vida cotidiana, marcando el límite entre lo que decidimos mostrar y lo que preferimos esconder. En la actualidad, los espacios domésticos se han vuelto cada vez más extrovertidos: trabajamos y nos relacionamos desde casa a través de videollamadas y redes sociales, haciendo visibles nuestros hogares. Ese límite entre interior y exterior se vuelve cada vez más difuso.
Los espacios que antes pertenecían al ámbito privado se exponen y se comparten. La vivienda deja de ser únicamente un refugio íntimo para convertirse también en un lugar desde el que nos mostramos y somos observados. Las fronteras entre lo público y lo privado, entre la casa y la ciudad, ya no funcionan como categorías cerradas.
Desde esta reflexión, la artista traslada estas ideas al plano visual. Las ventanas se repiten, se combinan y se agrupan para construir paisajes urbanos. A través de ellas no se accede directamente a lo que ocurre dentro, pero sí se intuyen historias. Cada ventana funciona como una unidad visual que condensa información emocional y simbólica, sugiriendo posibles narrativas sin mostrar literalmente el interior.
La serie trabaja la repetición como herramienta expresiva y propone nuevas formas de mirar lo doméstico.